Como tienda especializada en la venta de arcilla en Vizcaya debemos reseñar que los primitivos artesanos ya modelaban sus vasijas y ánforas con terracota. Milenios han pasado hasta que llegaron los procesos técnicos que se emplean actualmente. Se dice que la historia de la cerámica es la historia del hombre.

Si partimos de la edad neolítica, la cerámica era un arte muy rudimentario. No existían esmaltes ni dibujos. Mucho más tarde, el hombre comprendió que un objeto además de útil podía ser bello, y, por esa razón, aprendió a barnizar vasos para que fuesen más agradables a la vista.

Posteriormente, surgieron las vasijas esmaltadas de los sumerios, y las ánforas que fueron decoradas por los egipcios, siendo muchas de ellas encontradas en sus tumbas. Como especialistas en la venta de arcilla en Vizcaya también coincidimos en que el nombre de “cerámica” es un término que deriva del griego.

Nos vamos hasta Extremo Oriente, porque los chinos ya se encargaban de desarrollar este arte de forma exquisita, pero no con fines utilitarios. Realmente, para estos la cerámica tenía valor por sus formas exquisitas. De hecho, la porcelana propiamente dicha nació en China en el segundo siglo de la era cristiana.

En la época musulmana, se enriquecía la alfarería con dibujos y colores nuevos por la influencia asiática. Hacía trescientos años que los árabes en España eran conocedores del barniz, cuando surgió el procedimiento que daría origen a la fabricación de la loza común actual. 

Hoy en día, convertir la arcilla o materiales similares en porcelana fina requiere mucho más que habilidad. Este proceso se basa en un modelaje de la pieza con tierra para, posteriormente, fijarse la forma que deseamos con un tratamiento térmico.

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